INFORMACIÓN DEL ESPAICIO MONTESQUIU

EL ORIGEN

Montesquiu, como núcleo de población, se originó al abrigo del castillo de Colobrer.

La primera referencia a la posesión del término de Montesquiu es del año 1157 y corresponde a la donación de un alodio al monasterio de Vallbona. En aquel momento, el señor alodial o eminente era Ramon de Cervera y el castillo aparece documentado en 1164, cuando él mismo lo entregó en guarda y bailía a Santa María de Vallbona.

Parece que, además de ser un pueblo agrícola, Montesquiu llegó a convertirse en una pequeña villa con mercado propio. También disponía de una medida propia para pesar granos y cereales, excavada en una roca al pie del castillo, que todavía se conserva y que se conoce como «los tres cuartanes». También se utilizaban las medidas de Montblanc y así sabemos que el «Cop de Montesquiu» equivalía a 0,25 cuartas de Montblanc. Montesquiu también contaba con molino, hornos, iglesia y castillo. Precisamente, gracias a los restos arqueológicos actuales, podemos hablar de una villa en crecimiento donde vivían y trabajaban campesinos, artesanos, clérigos e incluso un herrero.

La década de 1330 a 1340 fue especialmente negativa para Montesquiu y para el resto del país. Tras una serie de malas cosechas provocadas por un cambio climático, se sucedieron importantes mortandades a causa de la peste negra, que se repitieron durante todo el siglo XIV. Ya en el siglo XV la mortalidad continuó y se sumó la Guerra Civil Catalana entre los años 1462 y 1472. Esto provocó que Montesquiu quedara despoblado y en ruinas, según una declaración de 1474, situación que continuaba en 1497, cuando se afirma: «Noy sta nengú» (no hay nadie).

EL CONCILIO DE TRENTO

El Concilio de Trento fue un concilio ecuménico de la Iglesia católica celebrado en períodos discontinuos entre 1545 y 1563. Tuvo lugar en Trento, una ciudad del norte de la península itálica, actualmente en Italia, que entonces era una ciudad libre gobernada por un príncipe-obispo. Aunque no consiguió reunificar la cristiandad, el Concilio de Trento supuso una profunda transformación para la Iglesia católica. Fue convocado como respuesta a la Reforma Protestante para aclarar diversos puntos doctrinales. También abolió los ritos eucarísticos locales y estableció un rito unificado conocido como misa tridentina. Desde un punto de vista doctrinal, es uno de los concilios más importantes e influyentes de la historia de la Iglesia católica.

Por otra parte, se abordó la reforma de la administración y la disciplina eclesiásticas. El concilio eliminó muchos abusos flagrantes, como la venta de indulgencias, mejoró la formación del clero y obligó a los obispos a residir en sus diócesis, evitando así la acumulación de cargos.

Para el monasterio cisterciense de Vallbona y para el pueblo de Montesquiu, representó un antes y un después. En la última sesión del concilio, celebrada los días 3 y 4 de diciembre de 1563, se decretó lo siguiente, tal como fue publicado en Barcelona en 1847:

Y por cuanto los monasterios de monjas, fundados fuera de poblado, están espuestos muchas veces por carecer de toda custodia, á robos y otro insultos de hombres facinerosos; cuiden los Obispos y otros superiores, si les pareciere conveniente, de que se trasladen las monjas desde ellos á otros monasterios nuevos ó antiguos, que estén dentro de las ciudades, ó lugares bien poblados; invocando tambien para esto, si fuese necesario el ausilio del brazo secular. Y obliguen á obedecer con censuras eclesiásticas á los que lo impidan, ó no obedezcan.

Fragmento del documento original: El Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento, traducido al idioma castellano por D. Ignacio López de Ayala. Sesión XXV, 3 y 4 de diciembre de 1563, Capítulo V, página 338.

EL ABANDONO

Como resultado del decreto del Concilio de Trento, y tras intensas discusiones y deliberaciones entre todas las monjas que formaban la comunidad —que suponemos tuvieron lugar en la sala capitular del monasterio de Vallbona—, la abadesa Estefanía de Piquer propuso a los habitantes de Montesquiu abandonar sus casas, que constituían su pueblo ancestral, para crear una nueva villa en el interior del monasterio (Vallbona) que diera cumplimiento a la orden recibida del concilio.

No se conservan testimonios de cómo fueron las negociaciones ni de los acuerdos alcanzados. No sabemos si la abadesa Estefanía de Piquer pidió o impuso a los habitantes que aún vivían en Montesquiu que abandonaran definitivamente su pueblo para ocupar y construir nuevas viviendas en diversas dependencias cedidas por el monasterio: las bodegas, en la actual calle Mayor, y el hospital, donde nos encontramos ahora.

Cabe pensar, sin embargo, que las propuestas debieron de ser lo suficientemente ventajosas para los campesinos de Montesquiu como para motivarlos a dar este importante paso. El monasterio les cedió parte de sus edificios para construir sus casas, tierras para cultivar, agua y les proporcionó seguridad dentro de sus murallas.

LA GUERRA CIVIL

Durante la Guerra Civil Española, el Puig Colobrer, donde se encuentran los restos arqueológicos de Montesquiu, volvió a adquirir cierto protagonismo tras varios siglos de abandono y olvido.

En el tercer año de la guerra, en 1938, después de la caída del Frente de Aragón en manos de las fuerzas franquistas y de su llegada a Cataluña durante los primeros días de abril, el 4 de abril el Estado Mayor Central del Ejército de la República dictó las Directivas para las líneas sucesivas de defensa en Cataluña, mediante las cuales se ordenaba la construcción de seis líneas fortificadas con el fin de impedir el avance de las fuerzas sublevadas. Estas líneas protegían los principales nudos y vías de comunicación, así como los emplazamientos más estratégicos de Cataluña.

Por Montesquiu se hizo pasar la L-2, la segunda línea de defensa de las seis previstas. La L-2 se convirtió en una obra colosal ejecutada durante la primavera, el verano y el otoño de 1938. Al norte limitaba con la frontera de Andorra y al sur llegaba hasta el Ebro por el oeste y el mar cerca de Tarragona, con unos 220 kilómetros de trincheras, nidos de ametralladora, refugios, búnkeres, etc. En el valle del Maldanell se conserva un importante patrimonio de estas fortificaciones.

Por la colina que ocupaba Montesquiu y entre las ruinas de la antigua villa medieval, soldados y prisioneros excavaron una trinchera continua que atravesaba de oeste a este la nave de la antigua iglesia de Sant Joan de Montesquiu, con posiciones para tiradores. En el punto más alto del cerro, utilizando las antiguas piedras de las ruinas históricas, construyeron un puesto de observación y de ametralladora. Estas fortificaciones aún se conservan y están incluidas en la ruta de la L-2, un itinerario señalizado que permite conocer las fortificaciones de esta línea conservadas en el término municipal de Vallbona de les Monges.

HOY

El Puig Colobrer atesora las ruinas históricas y la memoria de lo que fue la villa de Montesquiu.

Actualmente es una pequeña sierra poblada de pinos, encinas, robles, romeros, enebros, coscojas e incluso orquídeas. Encontramos un bosque mediterráneo que ha ido creciendo entre las ruinas y las piedras de las casas, del Castillo de Colobrer, de las murallas que lo rodeaban y protegían, de la iglesia de Sant Joan, del antiguo cementerio donde aún descansan quienes fueron los habitantes del pueblo, de las trincheras abiertas en 1938 como última defensa de Cataluña y de los recuerdos de muchas generaciones que vivieron entre estos muros hoy dispersos y ocultos.

Caminando y observando con detalle lo que nos rodea, todavía podemos ver y sentir el latido del pueblo y de sus vecinos, que un día decidieron abandonar sus casas para emprender una nueva vida aguas abajo del Maldanell, en el monasterio de Santa María de Vallbona.

El actual Montesquiu es un espacio para recorrer con tranquilidad y respeto, actuando como historiadores, arqueólogos, botánicos o científicos, observando más allá y adentrándonos en la vida cotidiana de las personas que nacieron, vivieron y murieron aquí.

EL HOSPITAL

Estos son muros y arcos apuntados de la estructura de la planta baja del antiguo hospital del monasterio, construido durante el siglo XIV. La planta baja era una sala con una sucesión de arcos y pilares que ocupaba lo que hoy son los bajos de las casas de la calle.

En la época bajomedieval, el hospital era un espacio muy importante donde se practicaba la caridad cristiana hacia los pobres, los peregrinos, los enfermos, los viajeros, los niños huérfanos y los desvalidos.

A finales del siglo XVI, el edificio del hospital fue dividido y entregado a distintos vecinos de Montesquiu, en el marco del acuerdo con el monasterio, para que abandonaran su pueblo y fueran a vivir allí en cumplimiento del decreto del Concilio de Trento, que obligaba a los conventos femeninos a permanecer bajo la protección de un pueblo o una villa.

Sobre las estructuras de aquella época que se han conservado podemos observar cómo se acondicionaron los espacios para convertirlos en viviendas de las familias de Montesquiu: muros de cierre de las bóvedas, puertas tapiadas, huecos para colocar vigas con el fin de crear nuevos niveles de uso, ampliaciones, etc.

PILA BAUTISMAL

Sant Joan de Montesquiu

De la pila bautismal de Montesquiu, Josep M. Miró Rosinach realizó la siguiente descripción:

“Se trata de una pila exenta, labrada en piedra arenisca del país y decorada con dos cruces de contorno exterior hexagonal y seis brazos iguales que, a su vez, configuran cada uno una sexifolia o flor de seis pétalos. Los dos motivos flanquean una figura central geométrica resuelta mediante seis círculos secantes que dibujan, a modo de rosetón, una flor. Toda la decoración está realizada en un relieve muy tenue y se desarrolla rodeando la pila.

Los motivos descritos, de indudable significado simbólico, también están presentes en antiguas estelas discoidales procedentes de la comarca, así como en dinteles de puertas y ventanas. Como símbolo expresan la creencia en la inmortalidad y la eternidad, y su origen es anterior al cristianismo.

La pila bautismal de Sant Joan de Montesquiu, por sus características, puede atribuirse a finales del siglo XIII. En cuanto a su ejecución, probablemente fue obra de un cantero local.”

Josep-Joan Piquer Jover la recuperó de una barraca construida cerca de Montesquiu.

SARCÓFAGO DE MONTESQUIU

Este sarcófago debió de estar situado en la iglesia de Sant Joan de Montesquiu, de donde seguramente fue retirado durante los trabajos de aprovechamiento de la piedra para construir la nueva iglesia parroquial de Vallbona entre los siglos XVIII y XIX.

Una vez extraído de su emplazamiento original, se utilizó como pileta, “pica” en catalán, de una fuente que manaba no muy lejos de Vallbona y que, a partir de entonces, pasó a conocerse como la Font de la Pica.

Tras ser recuperado y restaurado, fue estudiado en profundidad por Miquel Torres i Benet, del Grup de Recerques de les Terres de Ponent.

Él mismo lo define así en las conclusiones de su trabajo “Heráldica, simbología y contexto del sarcófago de la Font de la Pica, de finales del siglo XIII”:

El sarcófago de Montesquiu pertenece a la obra religiosa y señorial de la iglesia de Sant Joan de Puig Colobres-Montesquiu.

Los escudos heráldicos o armoriales cincelados en el sarcófago nos transmiten un mensaje de relaciones feudales perfectamente estructuradas y avaladas por un documento vinculante.

El escudo lateral izquierdo del sarcófago, con la heráldica de un águila, corresponde a las armas del linaje de los Aguiló, señores de Santa Coloma de Queralt y del lugar de Aguiló. Este escudo señala la relación feudal del castellano con su dependencia vasallática.

El sarcófago de Montesquiu es la expresión funeraria de un castellano.

JOSEP-JOAN PIQUER I JOVER - LA VIDA

Barcelona, 28 de mayo de 1911
Vallbona de les Monges, 23 de noviembre de 1985

Nació en una masía del barrio de Sant Andreu de Barcelona, llamada Can Piquer. Su padre, Camil Piquer i Cussó, era un obrero textil y su madre, Raimunda Jover Torremader, había nacido en Cal Sileta de Vallbona. Camil y Raimunda estaban muy comprometidos con las reivindicaciones sindicales y habían fundado un sindicato obrero, la Federación Obrera Social, bajo el patrocinio del abogado barcelonés Narcís Pla i Deniel. Durante los conflictos intersindicales de principios del siglo XX en Barcelona, un pistolero a sueldo asesinó a Camil Piquer en diciembre de 1913; tres meses después, Raimunda también fue asesinada a golpes cuando estaba embarazada de su segundo hijo. Unos tíos de Vallbona, Manuel Jover y Rosa Jover, acogieron a Josep-Joan cuando tenía tres años y fueron para él unos padres excelentes. Eran personas sencillas y muy trabajadoras, que le ofrecieron amor, un hogar y un entorno estable. Creció en Vallbona, estudiando con los demás niños en la escuela del pueblo y jugando por sus calles. Desde muy pequeño mostró afición por los libros y el estudio.

Tras unos años en el Seminario de Tarragona, donde descubrió el amor por la filosofía, la literatura y la historia, junto con el compromiso social y con el país, se licenció en Pedagogía en la Universidad de Barcelona. Se casó con Isabel Jornet i Portella, con quien tuvo a su primer hijo, Josep-Joan. Isabel murió durante el parto de su segundo hijo y, años más tarde, Josep-Joan Piquer se casó con Carlota Pomés i Coll, con quien tuvo una hija, Rosa Maria. En Carlota encontró una compañera fiel y una colaboradora eficaz, identificada con sus ideales y objetivos.

A pesar de vivir en Barcelona, mantuvo siempre una vinculación muy intensa con Vallbona, con la comarca y con sus habitantes. Pasaba allí las vacaciones, mantenía correspondencia con sus familiares del pueblo y estaba al corriente de la climatología, las cosechas y todos los acontecimientos. Aprovechaba las vacaciones para recorrer el territorio y conocer los pueblos, los términos municipales y sus habitantes, la fauna y la flora. Le agradaba mucho conversar con la gente porque, decía, de cualquier persona se puede aprender algo interesante.

Era un esposo enamorado y atento, que buscaba siempre sorprender y agradar; un padre recto pero también afectuoso y dedicado a sus hijos; un buen amigo, un gran conversador y un excelente narrador, capaz de mantener la atención de pequeños y mayores durante horas con sus relatos sobre la historia de Vallbona y de la comarca.

Era un gran trabajador, apasionado por la investigación pedagógica e histórica, capaz de levantarse de madrugada para trabajar unas horas antes de marchar al trabajo. Los días festivos y las vacaciones los dedicaba a la familia y a los amigos. En invierno realizaba largos paseos por Barcelona y sus alrededores, visitando con sus hijos numerosos rincones y museos, despertando en ellos el interés por la poesía, la literatura, la historia, la geografía, la astronomía y la meteorología. En verano recorría la Vall del Corb, descubriendo árboles, plantas, insectos, ruinas, molinos y lugares escondidos.

Fue un gran coleccionista. Su biblioteca llegó a reunir unos ocho mil volúmenes y contenía tanto libros antiguos grabados como las últimas novedades editoriales en pedagogía, sociología, filosofía, historia y literatura. También coleccionó monedas, sellos, fósiles, conchas, mariposas, gozos, grabados, discos, cerámica antigua y alfarería catalana.

Fue una persona profundamente creyente, con una espiritualidad comprometida con los valores del Evangelio y con la mejora social. Este compromiso se centró especialmente en su labor pedagógica con niños y jóvenes desfavorecidos, aunque trascendió ese ámbito. Siempre estuvo implicado en los movimientos sociales y en la defensa de los derechos y las libertades, desde una espiritualidad y una mentalidad abiertas y progresistas. A pesar de ser una persona seria, tenía un gran sentido del humor y una fina ironía. Amaba profundamente a su familia, sus raíces vallbonenses y todo aquello relacionado con su país, Cataluña.

Texto: Rosa Maria Piquer Pomés

JOSEP-JOAN PIQUER I JOVER - PEDAGOG I HISTORIADOR

Comenzó su labor pedagógica con Mn. Josep Pedragosa hacia el año 1932, educando a jóvenes abandonados y delincuentes que salían de prisión. Terminada la Guerra Civil, ingresó como pedagogo en la Junta de Protección de Menores y en el Tribunal de Menores de Barcelona, donde desarrolló su trabajo tanto en el ámbito asistencial como en la investigación. En 1940 fue nombrado redactor jefe de la revista Pro Infancia y Juventud, que dirigió durante trece años. La publicación sirvió de tribuna para numerosos especialistas internacionales que daban a conocer en ella sus investigaciones; el propio J. J. Piquer publicó parte de sus trabajos en sus páginas. Creó y dirigió el Laboratorio Psicotécnico adscrito al Tribunal de Menores de Barcelona, uno de los primeros de la península. Era un centro de investigación que pretendía abordar el tratamiento de niños y adolescentes desde una perspectiva educativa y no únicamente jurídica.

Compaginó su trabajo en la Junta de Protección de Menores y en el Tribunal de Menores con la dirección de la revista Pro Infancia y Juventud, la dirección literaria de la Editorial Litúrgica Española y la secretaría de la sección de Pedagogía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Al final de su vida laboral fue secretario del ICE de la Universitat de Barcelona. Disfrutaba enormemente de su trabajo y era un trabajador incansable. Muy aficionado a la fotografía, la practicaba tanto en el ámbito familiar como documentando a los jóvenes y las actividades de las instituciones tuteladas, imágenes que ilustraban sus publicaciones.

Su pensamiento pedagógico fue innovador. En 1945 obtuvo el Premio Pelfort por la obra El niño abandonado y delincuente, en la que analiza el impacto de la Guerra Civil sobre la infancia. Estudió la inmigración como fenómeno social y defendió el derecho de toda persona a buscar una vida mejor, abogando por el derecho a emigrar. Fue director pedagógico del Grupo Benético, situado en la calle Wad-Ras de Barcelona. Allí aplicó una pedagogía positiva basada en la motivación, que prohibía cualquier tipo de castigo físico o psicológico, y propuso ejercicios de atención plena para ayudar a los jóvenes a trabajar la impulsividad. Sentía un interés genuino por los muchachos con los que trabajaba, y ellos le correspondían con afecto y respeto.

Concebía al niño como un ser en evolución, capaz de progresar y modificar sus comportamientos. Lo estudiaba desde la psicopedagogía diferencial y creía firmemente en el valor educativo de la familia y de la relación personal. Se mostraba contrario a la masificación de las grandes instituciones, que despersonalizan a los individuos, y defendía el modelo de Casa de Familia promovido y practicado por su maestro, Mn. J. Pedragosa.

Su amor por Vallbona, por el pueblo y por el monasterio lo llevó a investigar la historia de la Vall del Corb-Maldanell. Su investigación no se limitaba a la lectura y transcripción de documentos ni a la consulta de archivos, sino que también la realizaba sobre el terreno, visitando personalmente los lugares y captando aquello que el entorno y sus habitantes le transmitían. Como historiador colaboró con el Institut d'Estudis Ilerdencs y fue miembro del Grup de Recerques de les Terres de Ponent. Sus numerosos trabajos sobre la comarca han contribuido a dar a conocer el monasterio de Vallbona, el pueblo y la Vall del Corb.

Reconocimientos

  • En 1945 obtuvo el Premio Pelfort por la obra El niño abandonado y delincuente.
  • El 11 de junio de 1967 el Ayuntamiento de Vallbona lo nombró Hijo Adoptivo.
  • En 1977 obtuvo el Premio de Ensayo Ciudad de Barcelona por la obra Vida eremítica en Barcelona y sus alrededores.
  • El 18 de septiembre de 1983 el pueblo de Vallbona y el monasterio le rindieron homenaje. Casi todos los habitantes de Vallbona firmaron el libro de honor. En el mismo acto recibió la medalla Jaume I de la Fundación Roger de Belfort.
  • El 25 de abril de 2015 el Ayuntamiento de Vallbona realizó un homenaje conjunto a J. J. Piquer y C. Pomés.

Obras

  • 19 obras iniciales publicadas entre 1926 y 1936.
  • 78 obras pedagógicas, psicosociales y de protección de menores.
  • 75 obras históricas.
  • 13 obras menores.
CARLOTA POMÉS I COLL - BIBLIOTECARIA

Barcelona, 28 de marzo de 1911
Vic, 19 de febrero de 2004

Hija del periodista Ramon Pomés i Soler y de Àngela Coll i Balenyà, nació en Barcelona, la menor de cuatro hermanos. Creció en un ambiente muy intelectual, ya que en su casa se reunían dramaturgos, novelistas y pensadores de la época. Su madre tenía un gran interés en que todas sus hijas estudiaran y tuvieran una profesión y una vida independiente.

Carlota aprobó el examen de ingreso en la Escuela Superior para la Mujer con tan solo quince años y finalizó los estudios de Biblioteconomía en 1929. Paralelamente inició la carrera de piano, que quedó interrumpida por la Guerra Civil.

En agosto de 1929 obtuvo su primer empleo profesional en la Biblioteca Popular de Pineda, donde sustituyó a la directora. Poco después comenzó a trabajar en la Biblioteca de Cataluña, institución en la que permaneció hasta su jubilación: Sección de Préstamo (1930), Departamento de Manuscritos y Libros Raros (1931) y Sección de Catalogación (1938). En 1944 fue nombrada bibliotecaria del Cuerpo Técnico Femenino de Bibliotecarias de la Diputación. Permaneció en excedencia entre 1949 y 1955 debido al nacimiento de su primera hija, Rosa Maria, y para dedicarse a la crianza de sus hijos. Tras reincorporarse, trabajó en la Sección de Reserva Impresa hasta que en 1957 obtuvo una plaza definitiva en la Sección de Catalogación, que dirigió hasta su jubilación en 1977.

En 1948 comenzó a ejercer como profesora en la Escuela de Bibliotecarias sustituyendo al director, Felipe Mateu, y entre 1960 y 1971 impartió la asignatura de Prácticas de Catalogación. En 1977 impartió un curso sobre catalogación de documentos musicales en la Asociación de Bibliotecarias de Cataluña. Durante esos años publicó diversos artículos y reseñas en la revista Biblioteconomia. Junto con su compañera Núria Rossell colaboró en la tercera edición de la Clasificación Decimal: adaptación para las bibliotecas catalanas de Jordi Rubió i Balaguer, aunque, al discrepar de muchas de las decisiones del autor, ambas prefirieron que sus nombres no figuraran en la publicación.

Tras jubilarse, se instaló con su marido en Vallbona de les Monges y en 1980 inauguraron la biblioteca El Verger, una colección abierta al pueblo con fondos de literatura e historia local destinada a fomentar la lectura entre los habitantes de Vallbona y la investigación de los estudiosos de la comarca.

En 1981 publicó la Bibliografía de Josep-Joan Piquer i Jover al cumplir setenta años (1911-1981) y posteriormente la actualizó en una nueva edición (1987), tras el fallecimiento de su marido, incorporando escritos inéditos y testimonios de personas que lo habían conocido y apreciado. También fue autora de los índices geográfico, onomástico y alfabético de materias de la segunda edición de Abaciologi de Vallbona. Historia del Monasterio (1153-1990), obra de su marido Josep-Joan Piquer.

Según A. Estivill Rus (Qui era qui a l'Escola de Bibliotecàries, 2016), «Carlota Pomés fue una profesional excelente, siempre equilibrada y serena, que supo sacar el máximo provecho de las prácticas de catalogación y del servicio de bibliotecas impartidos por Jordi Rubió en el tercer curso de la carrera de Biblioteconomía». Vivió su profesión como una auténtica vocación de servicio a las personas, de contribución a la cultura y de construcción del país.

Tras enviudar, optó por permanecer en Vallbona, dedicada a la lectura y a la música, escuchando la amplia colección discográfica familiar y retomando los estudios de piano que había tenido que interrumpir a causa de la guerra. En El Verger, su casa de Vallbona, disfrutaba acogiendo a la familia y a sus numerosos amigos. Mantenía una intensa correspondencia con diversas amistades y estaba suscrita a numerosos periódicos y revistas de actualidad. Ya en edad avanzada, y cuando dejó de ser aconsejable que siguiera viviendo sola, se trasladó a Vic.

Dedicada a su marido y a sus hijos en el ámbito doméstico, pero sin renunciar a una plena vida profesional, fue una mujer inteligente y culta, de mentalidad abierta, afectuosa, dialogante, positiva, muy alegre y risueña, firme en sus convicciones religiosas y políticas, que compartía con su marido.

Reconocimientos

  • Medalla Violant d’Hongria de la Fundació Roger de Belfort, 1996.