Iglesia neoclásica construida en el siglo XIX.

La iglesia servía de parroquia y de único templo accesible al pueblo en tiempos pasados, cuando el monasterio mantenía una clausura mucho más estricta.

En el interior se encuentran unas pinturas murales simpáticas y alegres pintadas recientemente, y en las piedras del exterior un secreto muy bien escondido.

Cada día, de la mañana a la tarde, se puede acceder al cancel de la iglesia, desde donde es posible contemplar el interior del templo y escuchar una explicación sobre el monumento mediante una caja de donativos con monedero.

Una parroquia para el pueblo

El nacimiento del municipio de Vallbona en torno al monasterio en el siglo XVI pronto hizo indispensable la existencia de una parroquia para sus habitantes independiente del templo del monasterio. No olvidemos que, hasta mediados del siglo XX, la clausura que observaban las monjas era mucho más estricta que en la actualidad. Las visitas de laicos a las religiosas eran raras y estrictamente reguladas, y habría sido impensable celebrar el oficio dominical conjuntamente con el pueblo como ocurre hoy. De hecho, incluso en la actualidad, ciertas ceremonias propiamente parroquiales como las bodas o los funerales no se celebran en la iglesia del monasterio, sino aquí.

Reciclando piedras, reciclando el propio pasado

Un pequeño secreto sobre el pasado más remoto de los habitantes de Vallbona se esconde, silencioso, entre las piedras de esta parroquia. Y es que parte de los sillares con los que está construida su fachada proceden del pueblo abandonado de Montesquiu, cuyos habitantes en el siglo XVI fueron llamados a trasladarse y fundar el pueblo de Vallbona. Así pues, en este edificio relativamente reciente, el pasado más remoto y el presente se dan simbólicamente la mano.

El edificio y sus pinturas murales

La iglesia, de estilo neoclásico, fue diseñada por el arquitecto barcelonés Josep Valls i Galí a finales del siglo XVIII, aunque no fue terminada hasta 1850. El edificio presenta una apariencia austera, decorada únicamente con elementos clásicos reducidos a la mínima expresión: cuatro pilastras jónicas, tres rosetones y un frontón triangular sin decoración. El campanario es de base cuadrada y la parte superior octogonal.

Pintura mural de la expulsión del Paraíso.

Vale la pena asomarse al interior de la iglesia y visitar las pinturas murales que recientemente han elaborado dos artistas locales, padre e hijo. Son pinturas llenas de color que crean un ambiente plácido, alegre y de una lograda inocencia.