Restos arqueológicos de la L2, línea de contención republicana.

Nidos de fusilería y de ametralladoras, trincheras y observatorios son algunas de las cicatrices que dejó la Guerra Civil en el territorio, recientemente desbrozadas y señalizadas.

Las fortificaciones forman parte de la inmensa línea de contención, desde La Seu hasta Tarragona, que el ejército republicano construyó para contener el avance del ejército franquista. Inútilmente, ya que las defensas nunca llegaron a ser utilizadas.

Estado de los yacimientos y acceso

Las fortificaciones que pueden visitarse hoy son numerosas, aunque de distinta calidad. En general, se puede acceder a ellas por caminos no asfaltados pero transitables en coche; el último tramo deberá hacerse siempre a pie, buscando el emplazamiento más o menos escondido dentro del bosque. Todos los yacimientos están bien señalizados y cuentan con un panel explicativo instalado por el Memorial Democràtic. También encontraremos buenas indicaciones en los cruces de los caminos que conducen a ellos.

Búnker cerca de la fuente de la Pica. La elección de las posiciones para tiradores debía ser elevada, furtiva pero con buena visibilidad sobre el valle.

Aunque estas fortificaciones de hormigón, pesadas, no son por sí mismas un monumento de gran interés, constituyen un motivo adicional para salir a descubrir el paisaje de Vallbona. No hay que olvidar que algunas de estas fortificaciones están situadas en puntos con visibilidad estratégica y, por tanto, son excelentes miradores del territorio.

Los republicanos del frente oriental cada vez más acorralados

El 3 de abril de 1938, la ciudad de Lleida cayó en manos del ejército franquista, que prosiguió hacia el sur hasta abrir una brecha en el Mediterráneo. El ejército republicano quedó desde entonces dividido en dos partes y Cataluña quedó aislada al este por una nueva frontera que iba de los Pirineos al Mediterráneo siguiendo los ríos Noguera Pallaresa, Segre y Ebro.

Estado de la España en guerra en la primavera de 1938. La Cataluña bajo control republicano queda aislada y Franco decidirá posponer el asalto a Valencia para centrarse en Cataluña.

En este contexto, el GERO (Grupo de Ejércitos de la Región Oriental) programó un ambicioso plan de fortificaciones para frenar el avance franquista. Se planificaron seis líneas de contención, desde la L1 hasta la L6, la más interior. La L2, en particular, a su paso por la comarca, recorre el valle del Maldanell, aprovechando su complicada orografía de valles y subvalles para sacar el máximo partido a los escasos puntos de defensa instalados.

A finales de noviembre de 1938, justo cuando el ejército republicano, derrotado en la batalla del Ebro, se retira, las líneas L1 y L2 estaban prácticamente terminadas y listas para frenar la inminente campaña contra Cataluña. Pero no haría falta…

Pico y pala para los prisioneros

Las obras de fortificación de la L2 fueron dirigidas por la unidad de zapadores y obras del ejército del Ebro. La mano de obra resultó muy barata, ya que se recurrió masivamente al trabajo forzoso de prisioneros franquistas, muchos de los cuales estaban recluidos en el monasterio de Vallbona, que había sido confiscado por el ejército republicano y utilizado como prisión.

Trincheras que no oirán tronar las ametralladoras

Franco no tenía prisa por entrar en Madrid y, astutamente, prefirió aprovechar el golpe moral y el desorden que se había apoderado del ejército republicano oriental tras la derrota de la campaña del Ebro y lanzó la campaña contra Cataluña el 23 de diciembre. El ejército republicano fue descomponiéndose poco a poco y se retiró hacia la frontera, dejando atrás las seis líneas de fortificación que se habían construido, entre ellas los tramos de la L2 que pasan por Vallbona, totalmente inutilizados. El 15 de enero de 1939, los franquistas se apoderaron del nodo de mando de Tàrrega mientras las trincheras del Maldanell, vacías, seguían esperando la batalla que nunca llegó.