La tumba de la reina Violant
Segunda esposa de Jaime I el Conquistador, la reina y su hija Sancha descansan en el corazón de la iglesia en dos visibles sarcófagos.
La vinculación de la reina con el cenobio de Vallbona nos habla del prestigio que este había adquirido apenas un siglo después de su fundación.
La reina Violante es el caso más paradigmático de cómo la nobleza, incluso la casa real, beneficiaba al monasterio de Vallbona y, a su vez, se beneficiaba de él. Se trataba de un intercambio mutuo de prestigio, pero también de donaciones de tierras y rentas a cambio de oraciones.
El rey mujeriego busca segunda esposa
El primer matrimonio del rey Jaime fue breve y bastante desafortunado. Se había casado en primeras nupcias a los trece años con Leonor, hija del rey Alfonso VIII de Castilla, y desde el principio todo el mundo vio que aquellos dos adolescentes, unidos tan precozmente en matrimonio, no congeniaban en absoluto.
Retrato de Jaime I el Conquistador de joven, s.XIII. Reputado como un hombre bien parecido, carismático y vital, ha sido también uno de nuestros reyes más mujeriegos.
Hasta el punto de que la leyenda dice que el entorno del rey, preocupado por asegurar un heredero al trono, tendió una trampa al joven monarca. Los cortesanos disfrazaron a la reina Leonor de bella prostituta y engañaron al adolescente Jaime para que durmiera con ella. De este engaño habría nacido el infante Alfonso, que sin embargo nunca llegó a reinar.
La falta de sintonía entre los dos jóvenes cónyuges llevó a Jaime a numerosas aventuras amorosas, la más oficial de las cuales con la condesa Aurembiaix de Urgel. Pero el rey pronto comenzó a buscar segundas nupcias. Deseaba una hija de reyes que aportara prestigio, patrimonio, una dote generosa para financiar las grandes campañas de conquista que tenía en mente y, naturalmente, que fuera joven y virgen.
Una princesa de Oriente
En aquellos años, el papa Gregorio IX deseaba mover piezas hacia Oriente, intervenir en la complicada política de Bizancio y ya soñaba con la siguiente cruzada. Para lograrlo, nada mejor que el matrimonio de un gran rey cristiano como Jaime I para tejer alianzas y abrir reivindicaciones territoriales. En 1234, el aún joven rey Jaime aceptaba la propuesta papal y accedía a casarse con la joven Andrewa Arpad Courtenay, hija del rey Andrés II de Hungría, más conocida aquí como Yolanda o Violante, cuyos encantos solo conocía de oídas.
Árbol genealógico de Violante. Por parte de padre era de ascendencia húngara; por parte de madre, francesa.
Aquel mismo año el matrimonio tuvo lugar en la catedral de Barcelona, con gran pompa y para el divertimento de los barceloneses, que se maravillaban del exótico séquito de nobles húngaros que acompañaba a la familia de la novia.
Una reina ambiciosa y con carácter
Esta vez Jaime I tuvo suerte. El nuevo matrimonio fue pleno de amor, complicidad y muchos hijos. El monarca se rindió ante la belleza y determinación de Violante; confiaba en ella y se dejó aconsejar y acompañar por ella durante las campañas militares e incluso en la toma de decisiones en su ausencia.
Gigantes de la ciudad de Barcelona. Desde 1914, representan a la pareja real formada por Jaime I y Violante. La memoria popular de esta pareja real ha permanecido siempre viva. Lamentablemente no disponemos de ninguna representación fiable de época de la reina Violante.
Violante y Jaime se apreciaban y se entendían. El idioma de uno y otra no era un problema: Violante, aunque húngara, era nieta de Pierre de Courtenay, por lo que hablaba perfectamente la lengua de oïl (antecesora del francés) y Jaime hablaba un catalán primitivo.
Celosa por los intereses de sus hijos
La fuerte implicación de la reina Violante en la política de Levante en la Península Ibérica y en Occitania, dominios patrimoniales de Jaime, se debe al deseo de la reina de ampliar las tierras y el prestigio de su numerosa descendencia.
Tuvo nueve hijos con el rey Jaime, entre ellos algunas de las grandes figuras históricas de la época. Entre sus hijas encontramos a la futura reina Violante de Castilla, casada con Alfonso X el Sabio, y la reina Isabel, casada con el rey de Francia Felipe II el Atrevido; entre sus hijos están el rey Pedro II el Grande de Aragón, el rey Jaime de Mallorca y un arzobispo de Toledo.
Violante luchó por los intereses de sus hijos y no dudó en influir en su marido para llevarlo a la guerra de conquista, por ejemplo participando activamente en la campaña de Valencia. Madre celosa, intrigó para enemistar a Jaime I con su primer hijo Alfonso, concebido con Leonor de Castilla, y legítimo heredero.
Predilección real por Vallbona
¿Por qué la reina Violante de Hungría pidió en su testamento ser enterrada en Vallbona? En el siglo XIII, la orden monástica del Císter triunfaba en toda Europa: numerosos cistercienses y cistercienses fueron canonizados, otros nombrados obispos y otros aconsejaban a príncipes y papas.
En vida de la reina Violante, el Císter representaba la renovación, la pureza y la modernidad de la cristiandad; y Vallbona se había convertido en el centro femenino más importante de la Corona de Aragón. No es de extrañar que el entorno femenino de la casa real sintiera tanta afinidad por Vallbona.
De hecho, durante su reinado, el rey Jaime I visitó y residió en el monasterio en más de una ocasión (la de 1268 está perfectamente documentada), y lo favoreció con numerosas donaciones de propiedades, rentas, jurisdicciones y derechos sobre molinos y mercados de villas, algunos de ellos a cientos de kilómetros de Vallbona.
El sepulcro de las infantas
No se trataba de un capricho aislado de la reina Violante por Vallbona, sino que toda la familia real mostró una gran devoción por este monasterio.
Tres de las hijas de Violante de Hungría expresaron su voluntad de ser enterradas en Vallbona junto a su madre: la infanta Violante, esposa de Alfonso X el Sabio de Castilla, la infanta María, monja en un convento de Zaragoza, y la infanta Sancha, gran devota que murió en Jerusalén al servicio de los pobres de la orden hospitalaria.
Sarcófago de la infanta Sancha, situado en el corazón de la iglesia, frente al de su madre, en un sepulcro empotrado en la pared.
Los restos de esta última infanta sí fueron finalmente trasladados a Vallbona.
Muerte de la reina y traslado a Vallbona
En 1251, a los 35 años, moría la reina Violante cerca de Huesca a causa de fiebres que probablemente le contagió su hijo, el infante Fernando, enfermo aquel mismo año y al que ella había cuidado hasta su muerte.
En cumplimiento de su testamento, sus restos fueron trasladados a Vallbona en 1276, tal como indica la inscripción latina de su sarcófago. Según su voluntad, Jaime I aseguró además las rentas vitalicias de cinco monjes cistercienses destinados a rezar por el alma de la reina.
El sepulcro de la reina Violante, una de las principales atracciones de Vallbona, sorprende por su simplicidad pese a la importancia del personaje. Está elevado sobre dos pilastras; la caja es de piedra rojiza y la cubierta, de piedra blanca a dos aguas. Las únicas decoraciones son cruces “patentes” y el escudo de armas de su esposo con la senyera.
Escudo de la Corona de Aragón, por tanto de las armas del marido, inscripción con fecha y tres cruces “patentes” (del francés, literalmente, cruz con patas), una sobre la cubierta y dos en los pilastros. La cruz “patente” es la que llevaban los caballeros templarios en el pecho, orden guerrera entonces importante para la casa de Aragón y en buena sintonía con el Císter.
En 2002, el gobierno de Hungría financió la restauración del sepulcro de la reina Violante. Aunque aún no se han realizado estudios científicos sobre los restos, se cree que podría tratarse del único sepulcro de la poderosa dinastía húngara de los Árpád que ha llegado intacto hasta nuestros días.