Del olivo a la botella, el aceite se recoge y se manufactura íntegramente en Vallbona y constituye uno de sus orgullos.

La oliva arbequina es uno de los cultivos principales del término. Su fruto se destina a la producción de aceite de dos cooperativas locales y fuera de Vallbona. El aceite arbequino es sin duda una de las señas de identidad del pueblo y de esta tierra.

Origen de la aceituna arbequina

La aceituna arbequina recibe su nombre del pueblo vecino de Arbeca (Les Garrigues). Se cuenta que fue allí donde el Duque de Medinaceli, señor de Arbeca, introdujo y promovió esta variedad procedente de Palestina a finales del siglo XVIII. Actualmente se produce sobre todo en Cataluña y Aragón.

Pequeña pero guerrera

El reducido tamaño del fruto permite distinguirla fácilmente del resto de variedades cultivadas en Europa. El árbol de la arbequina también es pequeño y poco vigoroso. Sin embargo, esto es lo que permite plantarlo extensamente en suelos exigentes y climas con veranos muy secos e inviernos fríos como el de Vallbona. Su producción es alta respecto a otros olivos y ha hecho que vaya ganando espacio frente a otras variedades autóctonas.

Detalle de aceitunas arbequinas en el momento de la cosecha. Fotografía cortesía de la Cooperativa L'Olivera.

El aroma y las propiedades del aceite arbequino

En el aceite arbequino virgen dominan los tonos verdes, los sabores cítricos, de manzana verde y afrutados en general; la textura es suave y mantecosa, lo que contrasta con la intensidad a menudo más áspera de otros aceites vírgenes.

Aperitivo con un platito de arbequinas

Aunque la gran mayoría de la cosecha de aceitunas se destina a la producción de aceite, los agricultores de esta tierra siempre reservan una pequeña parte para adobar aceitunas de mesa. En Vallbona, no olvidéis pedir un plato de aceitunas para acompañar el vermut, la cerveza o para abrir el apetito en un restaurante, y disfrutad de estas minúsculas maravillas marinadas con sal, ajo, romero y tomillo.