Hay que probar las “longanizas” de esta tierra, fuertes de pimienta, blancas, negras, hervidas, secas o a la brasa.

La ganadería porcina es omnipresente en las comarcas del poniente y esto se ha traducido magistralmente en la cocina. Aunque más que de cerdos, habría que hablar de “tocinos”, porque así es como en Vallbona oiréis llamar al animal del que todo se aprovecha.

La ubicuidad del cerdo

Como en todo el Urgell, la Segarra, las Garrigues y las comarcas limítrofes, la ganadería porcina está profundamente arraigada. Es imposible no ver —quizá también oler...— las numerosas granjas en las afueras de sus poblaciones. Durante muchos años, el cerdo ha sido en estas tierras la carne de referencia y su matanza se celebraba con una gran fiesta que convocaba a familias enteras, vecinos y amigos.

Hoy en día, ha sido imposible mantener esta tradición debido a la estricta regulación que afecta a los mataderos. Sin embargo, Vallbona ha recuperado recientemente una parte de ella, poniendo el acento en su vertiente más social y festiva.

La deliciosa “longanissa” (o butifarra para los barceloneses...)

Seguramente es la fabulosa, grasa y picante “longanissa” de esta tierra la aportación más original al universo del embutido que haya hecho nunca esta región. Hay que advertir al visitante, en riesgo de caer en un malentendido, que en catalán occidental “longanissa” no es ni un fuet ni una salchicha seca como podría pensar, sino simplemente la butifarra cruda.

Preparación de longanisses en Vallbona durante la “Matanza del cerdo 2016”.

La ubicuidad del cerdo

Las butifarras y “longanisses” que se pueden probar y comprar en esta tierra (en los pueblos vecinos de Maldà, Belianes, Bellpuig, Tàrrega...) son muchas y muy variadas; las más típicas, las de toda la vida, sin entrar en subvariedades ni nuevas creaciones, son: la “longanissa” cruda, muy fuerte de pimienta; la “secallona”, que no es otra cosa que la propia longanissa cruda dejada secar; la butifarra blanca, que es una “longanissa hervida” pensada para comer fría y que puede recordar al bull aunque más picante; y finalmente la butifarra negra, hecha con sangre, también hervida y que suele pasarse por la sartén, aunque hay sibaritas que también la saborean fría como entrante.