Espacio Maldanell y Molino de Abajo

Un edificio junto al cauce de la riera del Maldanell que ha tenido muchos usos: desde sus inicios como molino de la cooperativa, pasando a ser un almacén para guardar el rebaño de ovejas, funcionando como almacén municipal y finalmente reconvertido en un edificio dotado de diversas funciones: alojamiento en la parte superior y, en la planta baja, la recreación del antiguo molino de aceite del pueblo compartiendo espacio con un área dedicada al Maldanell.

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Los inicios: el Molino de Abajo

Parece que el común, antiguamente llamado así lo que hoy sería el ayuntamiento, a finales del siglo XVII ya disponía de este espacio para moler las aceitunas y obtener el aceite. Aun así, pasó por varias manos y transacciones, e incluso por la desamortización. No obstante, contar con un molino en estas tierras rodeadas de campos de olivos era una necesidad y al mismo tiempo un privilegio para obtener uno de los mejores productos de la tierra de secano. Hay que pensar que en aquel entonces cada casa del pueblo, que no son pocas, estaba llena de gente, y prácticamente todos los habitantes vivían y subsistían del cultivo; tener aceite era tener asegurada la cosecha del año.

¿Y por qué se llama Molino de Abajo? La respuesta es sencilla: porque a mediados del siglo XIX un grupo de vecinos decidió construir otro molino más arriba del pueblo, en el espacio que hoy ocupan los edificios del local social y el Centro de Recursos. Así pues, la cosa era clara: los molinos debían poder distinguirse fácilmente. Este era conocido como Molino de Arriba.

El edificio

De estructura curiosamente eclesiástica, con dos ábsides laterales, uno de ellos bajo el nivel de la calle que lo hace invisible desde el exterior, es el enclave que traslada al visitante a un universo entre la antigüedad y el presente.

Las piedras, en estado original, todavía delimitan todo el recorrido que hacía el proceso de las aceitunas y la extracción del aceite, mientras contemplamos la recreación de la maquinaria y nos podemos hacer una idea de cómo trabajaban los hombres sin descanso: esportines, sacos de aceitunas, la pasta de la oliva, etc.

Precisamente, su ubicación original no fue casual. Los campesinos sabían muy bien lo que hacían: su situación junto a la riera del Maldanell hace pensar que muy probablemente la consideraban idónea para aprovechar la fuerza del agua del arroyo, que serviría para impulsar la maquinaria y las piedras que hacían girar la muela.

Podemos imaginar el trajín de la prensa de viga o la muela girando mientras nos reciben unos “amigos de los pájaros” y nos inundan imágenes de aves, fauna y todo lo que forma parte de este paraje: el Maldanell.

El Espacio Maldanell

Comparte lugar, o mejor dicho, se mezcla con los elementos típicos del molino, mientras permite adentrarse y conocer plenamente el valle del Maldanell y la sierra del Tallat.

El Maldanell es el pequeño valle formado por la ladera y las hondonadas que provienen principalmente de la sierra del Tallat, con los pequeños cerros y montículos de pequeñas sierras que rodean los pueblos de Rocallaura, Vallbona, Llorenç de Rocafort y Maldà.

Así pues, un rincón para descubrir y potenciar no solo la naturaleza que rodea estas tierras, sino también la valiosa piedra seca, la fauna y, en definitiva, todo el patrimonio tangible e intangible de este valle.

Dentro de este legado encontramos el de las aves, y qué mejor que visitando un mirador de aves auténtico: el ábside derecho se ha convertido en un punto de observación, perfectamente adaptado, que permite visualizar, a ras de suelo, todas las especies que se encuentran en el cauce del río. Es como si los antiguos hubieran sabido el destino que tendría hoy este emplazamiento.

Cualquiera puede descubrir todo un mundo que, aunque parezca reservado solo para profesionales o aficionados, también permite a no iniciados vivir esta experiencia de observación en este espacio.

Los infiernos

Conservados a la perfección, parece que el nombre no encaje con su estado ni su apariencia. Aun así, no es difícil pensar que antiguamente debía ser como un infierno: los restos de los huesos de aceituna, el barro y la suciedad, y seguramente el frío debían ser los ingredientes perfectos para justificar una denominación tan curiosa.

En la primera planta del edificio se ofrece servicio de alojamiento con capacidad para 16 personas.