Pueblo encaramado en un cerro, apiñado en torno a su parroquia formando callejuelas enrevesadas y silenciosas, es un espléndido mirador en la cabecera del valle del Maldanell.

Rocallaura se encuentra en el límite de la provincia de Lleida con la de Tarragona, como un vigilante sobre un cerro desde el cual domina parte de la sierra del Tallat, coronada con los molinos del parque eólico, los barrancos y el valle del Maldanell.

El pueblo de las piedras y las flores

Sin duda, la belleza y la calidez de las calles y sus casas de piedra invitan a pasear por Rocallaura, que especialmente en primavera y verano resulta aún más agradable por los balcones, rincones y espacios floridos. Cualquier rendija es buena para que crezcan las pequeñas flores que engalanan calles, paredes y pilas de piedra.

Precisamente, las piedras podrían contar muchas cosas, ya que Rocallaura aún conserva algunos restos de la muralla del castillo que hubo y que actualmente forman parte de la base de algunas viviendas. Además, cerca de la iglesia encontramos aún unos bellos portales que nos evocan el recuerdo de lo que debió de ser la antigua fortaleza.

En conjunto, viviendas, pajares o casas, de mayor o menor tamaño, comparten un elemento común: la piedra y, además, vista, dispuesta de forma ordenada y bien alineada, tal como manda el arte de la piedra.

De hecho, es posible que por el topónimo del lugar se pueda deducir que en aquel cerro antiguamente había rocas, piedras o incluso algún acantilado de los que se aprovechó la materia prima para construir el castillo y posteriormente las casas.

Un edificio singular, también de piedra, que merece una visita son las antiguas escuelas, situadas en la parte meridional de la población, donde comparten actualmente espacio con una zona de salud y ejercicio físico. No hay excusa para no ponerse en forma: vistas privilegiadas sobre la sierra y el valle o incluso fantásticas puestas de sol.

Pueblo de devoción

En pleno centro del pueblo se encuentra la iglesia parroquial dedicada a San Lorenzo, encargada de velar cuidadosamente por la imagen más venerada y visitada del Urgell y la Conca de Barberà: la imagen de la Virgen del Tallat, a la que cada año visitantes y vecinos de la comarca acuden para pedir, rezar o simplemente visitar.

Desde después de Pascua hasta mediados de junio son muchos los pueblos de los alrededores que se congregan fin de semana tras fin de semana y en procesión se encaminarán hacia Rocallaura para disfrutar de la fiesta de la Peregrinación al Tallat y adorar a la Virgen. Rocallaura se convierte durante unos días en punto de encuentro y acogida para todos los que celebran una jornada festiva desde hace décadas.

El aspecto que hoy vemos de la parroquia ha cambiado mucho respecto a las fotografías heredadas a pesar del paso del tiempo. Curiosamente, el campanario, que hoy es de base cuadrangular, antiguamente tenía forma piramidal.

De hecho, se sabe que a partir de 1892 el templo sufrió reparaciones en las que se modificaron, además del campanario, la fachada y la rectoría, lo que hace que el aspecto actual haya cambiado sustancialmente respecto a la construcción inicial.

Tierra de agua... parada obligatoria

Con el crecimiento de la población, debido a la bonanza y la estabilidad social y política de aquellos primeros años del siglo XX, fue necesario planificar el abastecimiento de agua y entre ello surgió la construcción de los lavaderos municipales. Sin embargo, no fue hasta 1920 cuando el vecindario pudo sufragar su coste para llevar a cabo su construcción.

La ubicación de los lavaderos, como en muchos otros lugares, se encuentra algo apartada del pueblo y, en este caso, está situada en la parte oeste, como si se fuera hacia la zona del balneario al salir de la población.

En conjunto, viviendas, pajares o casas, de mayor o menor tamaño, comparten un elemento común: la piedra y, además, vista, dispuesta de forma ordenada y bien alineada, tal como manda el arte de la piedra.

Una construcción sobria, sencilla pero elegante, con líneas muy cuadradas nos hace pensar en el tamaño de los dos estanques. Uno puede imaginar que en aquel entonces eran muchas las mujeres y señoras —porque los hombres normalmente no se ocupaban de estas tareas— que pasaban horas y horas haciendo la colada. Como en muchas otras poblaciones, de las que se habrán escuchado historias y leyendas... Si las piedras hablaran...

Desde hace unos años, Rocallaura es conocida o reconocida por su actividad balnearia, gracias a unas aguas únicas en la zona que le otorgan propiedades curativas especialmente indicadas para afecciones renales. Pero, como es habitual en este territorio, a pesar de ser tierra de secano, el agua también está muy presente y, si tomamos un mapa, podemos ver la gran cantidad de fuentes de agua que brotan de la tierra de forma natural.

Si se visita Rocallaura no puede faltar una excursión a la Font Vella, siguiendo el camino que lleva hacia el pueblo vecino de Belltall. Se puede llegar con un paseo de apenas medio kilómetro mientras se disfruta del valle del Maldanell que se forma a la izquierda. Justo antes de un primer desvío que encontramos a mano derecha, un seto da la bienvenida a un espacio que sorprende gratamente, ya que en su interior, bien acondicionado, se encuentra la fuente. El agua que brota procede de las montañas y cerros que la rodean por ambos lados y se dice que nunca se ha visto seca.

Como curiosidad, bajo los pies del Santuario del Tallat, en dirección al camino que lleva hacia Montblanquet y desviándose unos metros del camino principal, se encuentra casi escondida la Fuente de la Virgen.