Sarcófagos de piedra románicos y góticos, pertenecientes a cinco grandes damas nobles.

¿En la pared exterior de la iglesia? que da a la actual plaza, se alinean cinco imponentes sarcófagos con cubierta de piedra a dos aguas apoyada sobre columnillas.

Salvo el segundo sarcófago, contando desde la entrada de la iglesia, todos datan del s. XIII y son de estilo románico; el segundo sarcófago, insertado en un monumental nicho en ojiva, data de finales del s. XV o, quizá, principios del s. XVI, y es de estilo gótico flamígero.

El primer sarcófago

El primer sarcófago, el más cercano al portal de entrada a la iglesia, no contiene ni inscripciones ni escudos y no ha podido ser datado ni identificado. También sabemos que entre este sarcófago y la pared del brazo de la iglesia donde se abre la portada de entrada al templo existió aún un sexto sarcófago, hoy desaparecido, del que solo se conserva el zócalo, igualmente sin identificar.

La Tumba Blanca

El segundo sarcófago, conocido popularmente como la Tumba Blanca a causa del color más claro de su piedra caliza o quizá porque sus escudos permanecen sin inscripciones, se encuentra insertado en un nicho formado por un espectacular arco ojival y una bóveda de crucería.

Tumba Blanca. Se aprecian los nervios de la bóveda de crucería del nicho y los siete escudos misteriosamente en blanco, enmarcados por siete arcos ciegos trilobulados tan típicamente góticos.

Durante toda la época medieval, este espacio nunca fue concebido para albergar ninguna tumba, sino que funcionaba como puerta para comunicar la nave de la iglesia con el antiguo cementerio, es decir, la actual plaza. Hacia el siglo XV o principios del XVI, la Puerta de los Muertos fue tapiada, y fue entonces cuando se aprovechó la estructura para acomodar el actual sarcófago.

Este sarcófago está, sin embargo, rodeado de enigmas. Ninguna inscripción, ni siquiera un escudo de armas, figura en sus relieves. Pero el hecho más misterioso es que los escudos permanecen en blanco; son escudos enmarcados en ventanales ciegos y lobulados sobre la lápida que quedaron sin esculpir, como si los restos que debían albergar nunca hubieran llegado a su destino.

El tercer sarcófago (una masía y unos viñedos a cambio de una tumba...)

El siguiente sarcófago, después de la Tumba Blanca, ha dejado algo más de información que los anteriores. En él encontramos esculpido el blasón de los Cardona, compuesto por tres cardos. Según el historiador local J.J. Piquer, en este sarcófago habría sido inhumada la noble dama Berenguera de Cardona en 1211.

Si así fue, este sarcófago de piedra constituiría un más que justo agradecimiento por las donaciones testamentarias que esta gran señora hizo en favor del monasterio. Tal como leemos en un regesto del Archivo de Vallbona de les Monges: 'Testamento de doña Berenguera de Cardona con el que elige sepultura en el Real Monasterio de Vallbona y dona a dicho monasterio la mitad de un mas y dos viñas situados delante del castillo de Santa Fe, y otras cosas, como consta en dicho testamento (...)'

El cuarto y quinto sarcófagos

Por fortuna, estos dos sarcófagos contienen, además de escudos heráldicos, también inscripciones en latín que precisan la identidad de las señoras enterradas en su interior. En el cuarto sarcófago leemos que fue enterrada en 1280 la señora Sibila de Guimerà, esposa de Guerau Alemany, una familia muy poderosa en el valle del río Corb. En el quinto habría sido enterrada una tal Micaela Zazala, de la que no conocemos detalles familiares, en el año 1244.

Tumba de Sibila de Guimerà. A la izquierda, el escudo de los Alemany, familia del marido de Sibila; en el centro, el escudo de los Guimerà; y a la derecha, la inscripción en latín que identifica la sepultura.