Gran icono del monasterio, para algunos la obra más atrevida del gótico catalán.

El elegante campanario de Vallbona descansa peligrosamente sobre las paredes románicas del templo. Fue construido en la primera mitad del siglo XIV, por la abadesa Elisenda de Copons, en el momento de mayor esplendor del monasterio.

Un golpe de efecto, una obra monumental

Aún hoy, si hay una simple forma que evoque el nombre de Vallbona de las Monjas es la silueta de su imponente campanario presidiendo todo el valle. Lo que más sorprende de esta obra no es tanto su proyección vertical, casi 30 m de altura, sino su contundencia, su peso y su anchura.

Esta preferencia por el espacio más que por la esbeltez es característica del gótico catalán y occitano. La planta del campanario de Vallbona es octogonal y mide 6,5 m de diámetro, ocupando casi toda la anchura de la nave sobre la que se apoya. No tiene ninguna proyección vertical en forma de aguja o flecha como suele ser el caso de las catedrales góticas francesas; solo un tejado piramidal, amplio y pesado pero muy elegante.

Aún hoy, hacer descansar un monumento de esta envergadura sobre las paredes románicas de la iglesia parece pura quimera. Tanto es así que el arquitecto e historiador Domènech Puig i Cadafalch, encargado de la restauración de este monasterio por la Mancomunitat en 1922, no dudó en calificarlo como «el monumento más atrevido de todo el medieval catalán».

Alejamiento de los preceptos cistercienses

San Bernardo, el gran teórico de la nueva espiritualidad cisterciense, fue incómodamente explícito al detallar la sencillez que convenía a las construcciones cistercienses. En lo referente a los campanarios, el abad de Claraval reclamaba, ni más ni menos, ¡evitarlos! Naturalmente en todo monasterio era necesaria una campana para convocar a la comunidad a la oración, pero esta podía perfectamente alojarse, argumentaba san Bernardo, en una simple espadaña de madera.

Sin embargo y probablemente por fortuna de la Historia de la Arquitectura, desde la época misma de san Bernardo esta consigna no se respetó al pie de la letra. La mayoría de casas del Císter siguieron edificando campanarios en sus iglesias y algunos de ellos, sobre todo en época gótica, de especial belleza.

El campanario gótico de Vallbona no solo presenta unas proporciones audaces, sino que también ofrece una sofisticada ornamentación. La planta octogonal del campanario permite abrir ocho espectaculares ventanales de casi 4 m de altura, en ojiva, de doble vano y rematados con marcos trilobulados. Los ocho contrafuertes entre ventanal y ventanal descargan el peso de la cúpula y están decorados con arcos ciegos y frisos, rematados en la parte superior con vigilantes gárgolas y torrecillas. El tejado exterior del campanario está acabado en forma de pirámide de ocho caras, rodeada por ocho frontones triangulares perforados con lucernarios.

Contrafuertes en las ocho aristas con arcos ciegos, cornisas y vigilantes gárgolas y ventanas de doble vano, apuntadas y trilobuladas.

El visitante puede apreciar la armonía de combinar ventanas y arcos en ojiva típicamente góticos (acabados en punta) con el recurso recurrente a geometrías triangulares y piramidales.

Elisenda de Copons, constructora en tiempos de cambio

El cimborrio campanario fue construido bajo el báculo de la abadesa Elisenda de Copons (1340 – 1348), durante una época de gran dinamismo del monasterio. Desde su nacimiento, la comunidad había acumulado un gran número de tierras gracias a la generosidad de la nobleza local y también de la monarquía.

Losa sepulcral de Elisenda de Copons en la Sala Capitular, Fotografía de Pol Mayer.

El número de religiosas había aumentado prodigiosamente hasta cifras que hoy parecen imposibles. Un documento de la época de cuando se levantó el cimborrio censaba 75 religiosas en total, sin incluir hermanas conversas, criadas, sacerdotes ni tampoco los muchos laicos asociados al monasterio.

Es en este contexto expansivo que Vallbona se lanzó a una campaña de obras y reformas sin precedentes en su historia. La primera de estas obras sería el cimborrio campanario, pero pocos años después seguiría la construcción del ala norte del claustro y la reforma de la sala capitular. Todas estas construcciones, claramente góticas, guardan una evidente unidad de estilo y nos hablan del importante poder terrenal acumulado.