Misteriosos detalles escultóricos en una de las partes más antiguas y menos contempladas del monasterio.

En la cornisa de la parte exterior de los ábsides cuadrados de la iglesia, podemos observar un conjunto abigarrado de mascarones románicos con formas de animales y de hombres pertenecientes a diferentes estratos sociales y oficios, una especie de retrato cómico de la sociedad del siglo XIII.

Figuras ocultas

Desde la plaza del monasterio, hay que subir la rampa que lleva a un callejón sin salida entre el ábside de la iglesia y las casas de la calle. Si entonces se levanta la cabeza y, con buena vista, nos fijamos en los mascarones que decoran la austera cornisa del tejado, veremos una serie de carotas de piedra. Unos prismáticos serán aquí un instrumento de gran utilidad.

No es una casualidad que esta profusión de animales, monstruos y personajes estrafalarios, en algunas ocasiones abiertamente obscenos, se encuentren arrinconados en este espacio secundario fuera de la iglesia, donde menos riesgo tienen de distraer a las religiosas de sus oraciones.

Personaje desnudo y en posición fecal. Con las dos manos se agarra las nalgas que parece mostrarnos desvergonzadamente.

¿Qué sentido tienen estas figuras a la vez ridículas y escalofriantes? Seguramente simbolizan el mundo convulso e imperfecto fuera de los muros del monasterio y quizá por eso encontramos muchos oficios representados además de monstruos y posturas pecaminosas.

Por el contrario, dentro del monasterio, este tipo de escultura caricaturesca desaparece totalmente. Es más: siguiendo los preceptos del Císter, salvo algunas excepciones muy puntuales, en el interior del monasterio no tiene cabida ningún motivo animal o humano, ni siquiera aquellos de origen religioso.

Retratando la sociedad medieval por fuera y por dentro

Los mascarones constituyen una curiosa galería de retratos de la gente más diversa: prelados, caballeros, campesinos, médicos y soldados, pero también niños y ancianos, hombres y mujeres, que nos hablan de la sociedad del siglo XIII en la que fueron esculpidos.

Esculturas de un soldado (izquierda) y de un médico o farmacéutico (derecha).

Pero no solo encontramos figuras humanas, sino que se mezcla un bestiario variado e imaginativo, algo que quizá no nos sorprenda si recordamos que los animales son en la alta época medieval una forma de retratar la psicología humana tanto en sus virtudes como en sus debilidades.

Mascarón de un animal (probablemente un mono) y un personaje caricaturesco difícil de identificar.

Los ábsides cuadrados, marca Císter

Aprovechando que nos fijamos en esta parte del exterior del templo, es interesante destacar que los tres ábsides de la iglesia de Santa María de Vallbona son de forma rectangular. Se aceptaba así la demanda de San Bernardo, que prefería la planta rectangular, sencilla y funcional, a los exóticos ábsides y absidiolos circulares que se estilaban en época románica, tal y como podemos encontrarlos en el monasterio hermano de Poblet.